Mientras acaba el verano y principia el otoño, en diferentes regiones del mundo se desarrollan diversos festivales para honrar, tanto a los antepasados como a los hilos espirituales que unen aquella esencia con la de los familiares del presente.

Por estas fechas, en Toluca, México, ciudad sede de MOA, nuestro Colegio de arte y ciencia de la vida, se celebra a los muertos mediante una fiesta muy particular que se desarrolla cada año durante todo octubre y en los primeros tres días de noviembre; se trata de la Feria del Alfeñique, donde se exhiben y se venden calaveritas de azúcar, amaranto y chocolate así como piezas hechas con huesitos de alfeñique, una pasta de azúcar cocida y estirada en barras muy delgadas y retorcidas.

Obon Matsuri es una festividad tradicional Japonesa de verano, muy parecida a nuestras fiestas de muertos en otoño; similar al Halloween de las brujas y las calabazas, en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá o Irlanda; Xantolo en la Sierra Madre Oriental de México o Samhain en Galicia, Irlanda y Escocia, solo por mencionar algunos.

Obon Matsuri, también se desarrolla con altares y caminos coloridos así como ofrendas. Se cree que los espíritus de los antepasados acuden a los espacios donde aún viven en la memoria de las personas y son recibidos de diferentes formas, según la tradición regional del lugar donde se lleve a cabo, ya sea en julio o en agosto, en pleno verano.

Las festividades que honran a los muertos en México se celebran en otoño; en algunas partes del país, son muy parecidas a un festival donde las comparsas llevan a cabo alegres y coloridos recorridos que semejan un carnaval; Xantolo, en la Huasteca, se celebra cuando cae el día, con música en las calles, lo mismo que el Obon Matsuri, por la noche, enriquecido por el sonido de los Taiko, enormes tambores que hacen sentir su vibración, hábilmente conducidos por entusiastas jóvenes que los golpean con los Bachi, baquetas grandes. En Okinawa, por ejemplo, dotan al ánimo de los participantes con un ritmo característico, guiando y anunciando la llegada de los espíritus ancestrales en medio de un ceremonial hermoso y atrayente.

Si consideramos los faroles que ornamentan los caminos y las casas durante Obon Matsuri, con el fin de que los espíritus de los antepasados identifiquen el camino a casa, a su llegada, y también a su retorno al lugar de los muertos, al final de la festividad, veremos las linternas, chōchin, colgando frente a las casas para dar la bienvenida. Asimismo, podemos encontrar similitud con aquellos caminos rebosantes de pétalos de flor de cempasúchil rodeados de velas o veladoras tan nuestros. También están los Toru Nagashi o faroles flotantes en ríos y lagos, muy semejantes a lo que se estila en las celebraciones de Día de muertos en el lago de Pátzcuaro, en Mixquic o en la laguna de Tequesquitengo de nuestro México. El Obon Matsuri es una tradición que forma parte de las similitudes que existen entre nuestra cultura y la cultura Japonesa.

¿Coincidencias o casualidades? Todos estamos unidos por hilos espirituales con nuestros antepasados; de hecho, si vamos hacia atrás, tanto en la línea paterna como en la materna, en muchos espacios de nuestra genealogía tal vez encontremos concordancias asombrosas entre familias y culturas que a veces parecen distantes. Al final, todos somos hijos del mismo universo.